Cuando tu bebé no logra dormir la siesta, es fácil terminar buscando una tabla de ventanas de sueño. Los tiempos pueden servir como referencia, siempre que sepas de dónde salen y no los conviertas en una regla.
¿De dónde salen esos tiempos?
Es común encontrar rangos de 45–90 minutos para un recién nacido y de una hora y media a dos horas y media alrededor de los cuatro a seis meses. Estas tablas suelen venir de páginas de crianza y especialistas en sueño. Las principales autoridades sanitarias no publican una ventana de vigilia exacta, minuto a minuto, para cada edad. Por eso conviene usar las cifras como punto de partida, no como obligación.
¿Qué cambia a medida que crece?
La cantidad total de sueño disminuye poco a poco y los periodos despierto suelen hacerse más largos. Lo que no sigue un patrón exacto es el número de siestas ni el tiempo preciso entre una y otra. Un horario que hoy funciona bien puede necesitar ajustes dentro de unas semanas, o incluso mañana.
El patrón más útil es el de tu bebé
Fíjate en las siestas que salieron bien y revisa cuánto tiempo llevaba despierto tu bebé antes de dormirse. Con varios días de registro empezarás a ver un patrón más útil que cualquier tabla general. Nerumi reúne esos datos para que puedas entender cómo va cambiando su ritmo.